martes, 24 de enero de 2012

epílogo Sergio (porque os lo merecéis)

Los nubarrones grises que cubren el cielo me recuerdan una vez que no es verano, que ya se ha acabado. No dejo de pensar y de arrepentirme por mi cobardía. Tendría que habérselo dicho a Ana, confesarle todo esto, que, aunque el sol no caliente mi piel, todavía siento. Pero ya ha llegado Septiembre. Sin duda ha sido un verano inolvidable, y tampoco creo que la olvide a ella, pero ya se acabó, estamos lejos, tan lejos...
   Observo a mi hermana, tiene la mirada perdida mientras apoya la cabeza en la ventanilla del coche. Creo que para ella también ha sido un buen verano, me pregunto que rondará por su mente. En la mía solo aparecen unos ojos verdes.  
-¡Sergio!--Mateo, mi mejor amigo me cubre los hombros con su brazo--joder, en el fondo te he echado en falta este verano. 
-Y yo, y yo. 
  Entramos al instituto y hablo con el resto de mis amigos. Cuentan sus hazañas veraniegas, que vienen siendo sus ligues y sus borracheras. Yo me limito a reír como buenamente puedo y a intentar apartar la nostalgia de mi cabeza. No creo que pueda al menos en bastante tiempo. Qué va a ser de mí...
  Sin darme cuenta ya estoy metido de pleno en las clases. El profesor ya está dando la típica charla de principios de curso y ni han pasado cinco minutos. 
<<Toc, toc>> 
  Toda la clase levanta la vista de pronto hacia la puerta. Se abre. El profesor le habla y yo no doy crédito. Debo de estar soñando, un sueño maravilloso sin duda.
-Bueno chicos, esta es Ana, es nueva así que portaos bien con ella, ¿eh? 
 Sus ojos se topan con los míos. Y sonríe. Sonríe tan ampliamente que hace que yo también lo haga como no lo he hecho nunca. Creo que las nubes se han disuelto de pronto y un sol enorme entra en la clase. Quizás, quizás no esté todo perdido...


------
¡No podía dejaros así! ¡Gracias y nos vemos en Cuatro Letras!
Miles de besos, os quiere,
Carmen

domingo, 22 de enero de 2012

Capítulo 48. Luciérnagas... y fin.



  La noche está oscura, hay luna nueva, pero un millón de estrellas iluminan el cielo, y realmente me parece una noche mágica. Sobre la arena, dos hogueras que luchan por no apagarse, mientras sobre una de ellas colocan una improvisada parrilla para asar carne. Un chico al que no conozco intenta cantar a la vez que toca la guitarra, y, aunque no le salga bien, contribuye al ambiente de videoclip veraniego. Una chica le da un vaso de tinto al guitarrista e intercambian un beso a la vez que ella le coloca un sombrero de paja en su cabeza llena de rizos.
  Lucas está con Manuel, Pedro, Toni y Miguel intentando asar algo en la parrilla, pero creo que lo único que están quemando son los dedos de cada uno de ellos.
-Así que... eres la nueva chica de Lucas, ¿no?—es Jimena, una chica morena que me han presentado esta misma noche. Me mira inquisitivamente mientras se sienta en frente mía.
-Sí, sí... se podría decir que sí.
-Guau, pues te deseo suerte.
-¿Por qué lo dices?—me siento incómoda, muy incómoda, no sé por donde va a salir la conversación.
-No sé, Lucas siempre ha sido un tipo peculiar, al principio parece el típico chulito, luego es tierno...
-¿Y después?
-No lo sé, he estado tras él mucho tiempo, pero nunca me hizo caso, así que acabé pasando y muy bien que estoy—sonríe ampliamente y levanta su vaso de tinto de verano esperando un brindis, lo sigo--¡salud!
  Doy un largo trago. En realidad, intento olvidar en cierto modo lo que ha dicho, no me ha gustado mucho su tono, igual todavía sigue por Lucas. Igual incluso estuvieron juntos, o no saliendo... tal vez se acuestan, y si... ¿y si está a la vez con ella? ¡Calla Sofía! No seas paranoica.
-Me acabo de quemar con la jodida barbacoa—noto su aliento en mi cuello, y me estremezco. No me cansaré nunca de esta sensación. Se sienta a mi lado y rodea mi cintura con su brazo.
-A ver, enséñame qué te has hecho...—le tomo el dedo--...bah, no seas quejica. Eres un llorón.
-Se pasa el día metiéndose conmigo la niña esta... Como sigas así te dejo.
-¡Oye! ¿Y que pasa si soy yo la te deja?
   No me he dado cuenta, pero las chicas ya se han ido de ese sitio, y tan solo estamos Lucas y yo sobre la arena. Tranquilos, él y yo. Me mira, sonríe, y recuerdo todo lo uqe hemos pasado para llegar hasta aquí, en los días dándole la lata a mi madre para no venir aquí. Lucas me saca, como tantas otras veces, de mi ensimismamiento.
-Si me dejas...—entrelazamos los dedos--...no sé, no sé, que pasaría.
  Y lo noto frágil, sincero y ruborizado. Me acerco a él, cómo si fuera la primera vez que estamos tan cerca, me mantengo a dos milímetros de su cara, la que me he acostumbrado a recordar cada noche. Tengo la respiración entrecortada. Y lo beso. Lo beso como nunca antes, con fuerza, con ganas de él. Nos separamos y acaricio su mejilla, sonrío.
-Sofía, déjame llevarte a un sitio.
-¿Ahora?
-Vamos, no sería la primera vez que nos escapamos.
   Me toma la mano y me ayuda a levantarme, mientras me río sin parar. Corremos hasta su moto, <<¡adiós!>> gritamos antes de salir rápidos por la carretera. Ya no puedo contar la de veces que me he montado en esta moto sin saber lo que me deparaba, pero cada vez la sensación es mejor, cada vez la ilusión aumenta, y eso me asusta. Me da miedo sentir algo tan fuerte por alguien del que, realmente, no sé que esperar.
   Estamos llegando lejos, más lejos de donde me ha llevado nunca. Noche cerrada en la autopista, ni siquiera hay luna que se refleje en la calzada. Hace tiempo que no hemos mediado palabras ni sonrisas, toda la emoción se está apagando poco a poco, creo que tengo hasta sueño.
-¿Queda mucho?
-Pequeña... queda muy poco.
   Sonrío. Tan solo tiene que decir una palabra para hacerme notar esta sensación tan cálida.
  

 -Lucas, esto me da un poco de miedo.
  Estamos en una especie de bosque. No veo absolutamente nada y tengo un miedo irracional a que me coja algo por detrás. Lucas me lleva de la mano y va por delante de mí, él es mis ojos.
 -Vamos, no temas. Te aseguro que te gustará donde te llevo.
 -No me fío de ti, a saber que quieres hacer conmigo...
   Se da la vuelta y me mira tan de cerca que creo que ya no existo.
 -De todo.
  Y se ríe fuerte, como siempre, y yo me quedo dudando de su respuesta. Trago saliva, me ha puesto muy nerviosa, no sé por qué. Me viene un pensamiento a la cabeza, de algo que, puede pasar, y ahora sí que tengo miedo, pero no el mismo de antes, tengo miedo de no estar a la altura.
 -Un, dos, y... ¡ta-chán!
  Mueve un matojo para abrirse paso y estamos en un claro del bosquecillo, lleno de luciérnagas. Parece que todas esas estrellas que no se veían en el cielo han bajado para hacernos compañía. Todo esta oscuro, pero veo sus ojos grises entre las luces de los pequeños animales. El aire está lleno de magia, y yo no tengo palabras, ni siquiera soy capaz de sonreír de buena manera.
-Fireflies...¿recuerdas?—me dice, y lo veo ahí plantado, sonriendo de esa manera que solo él sabe hacer.
-Como para no acordarme, de mi pijama de Winnie...—reímos suavemente.—Lucas.
-¿Sí?
-Gracias por poner el cielo a mi altura...—una luciérnaga pasa entre nosotros y sonreímos--...gracias, porque, cuando estoy contigo, el cielo está más cerca.
   Me besa, con dulzura, con palabras que no ha dicho. Es un beso hecho de luz, de verano, de sol, de cada momento que hemos pasado. Un beso hecho para los dos.
-Pequeña... no te vayas nunca de mi vida.
    Sonrío, sonrío y sonrío una vez más. Lo abrazo con fuerza y me aferro a él. No podría Lucas, no podría.

--------------
Hola a todos. Bien, antes de que me matéis, sí, lo sé, esto no es un final, hay mil cosas abiertas aún que no se han solucionado, pero supongo que todas las que escribís me entenderéis si os digo que hay veces que ya no queda inspiración, así que quería dejaros por lo menos con un buen sabor de boca con esta parte de ellos dos. Os digo que esto no acaba aquí, que estoy segura de que un día de estos vuelvo con Lucas y los demás, pero por ahora no puedo. Lo siento, y no os lo merecéis, pero este blog va a desaparecer. Gracias, de verdad, sé que os lo he dicho mil veces, pero lo digo de corazón: gracias, por darme ánimos para seguir escribiendo, por regalarme unas historias tan maravillosas como las vuestras, por soportar mi impuntualidad al subir capítulos, por los premios, por cada uno de los comentarios, gracias a todos y cada uno de mis seguidores. Porque cada uno de vosotros es único, desde el primero hasta el último. Gracias por acompañarme en esta aventura que comenzó hace un año y unos pocos meses, porque nunca pensé que subiría de los 5 seguidores y he acabado con nada más y nada menos que con 132, increíble, ¿no? 
¡pero tenéis que saber una cosa! no me vais a perder de vista tan fácilmente ;) Algunas ya lo sabéis, pero tengo otro blog. Sí, es completamente distinto a este, es compartido con unas amigas y podéis leer los pequeños textos que escribimos, os invito a que echéis un vistazo pinchando aquí:D
En definitiva, GRACIAS por todo, hasta siempre, os quiero y os espero en :

domingo, 8 de enero de 2012

Capítulo 47. ''Romeo motorizado''

***

-¡Es que esto no lo entiende ni Dios!
-Joder,  que no es tan difícil.
  Maldigo en el momento en el que me ofrecí como profesor de francés a Pablo. Es verdaderamente torpe en el idioma, lo que me extraña es que no lo suspendiera también el curso anterior, <<tengo mis recursos>> me había dicho cuando le pregunté, aunque creo que se basaban simplemente en copiarse. Lo que daría por ir a la playa o a la piscina, el calor es verdaderamente insoportable. Al pensar en la playa sonrío, acordándome del baño nocturno días atrás.
-A ver... Le mien, le tien, le sien.
-Bien, ¿ves? Ya te sabes los pronombres posesivos.
-¿Pronombres? ¿No eran adjetivos determinativos?
   Resoplo. Madre mía, esto va a ser difícil. Pero bueno, no tengo nada mejor que hacer. Y Ana... ¿qué hará? ¡Sergio, concentración! Da igual, te da exactamente igual, como si se está liando con alguien ahora mismo... ¡Joder! ¿Y si se está liando con alguien? Que no, que no. Y si así fuera, te daría igual. Uf, no sé qué es más complicado, si enseñarle francés a Pablo, ponerme de acuerdo conmigo mismo u olvidarme de Ana.



***

-¿Y cómo vas a volver, cariño?—mi madre me pregunta mientras termino de meter mi toalla en la mochila para ir a la moraga.
-Supongo que me traerá Lucas.
-Vaya, me alegro de que me hables abiertamente de ese chico.
-Bueno... ya lo sabes, así que mejor así.
-Está bien, dile de mi parte que más le vale traerte de una pieza.
-Lo haré—sonrío y le beso en la mejilla. Si ella se enterara de las escapadas nocturnas le daría algo.
  Antes de irme recuerdo algo y subo corriendo a mi habitación. Abro mi hucha, que consiste en un viejo diario que tiene un candado, donde puedo guardar los billetes. De ella saco diez euros, creo que es hora de admitir que he perdido la apuesta con Marina. Y, aunque los vaya a perder de una forma bastante tonta, podría asegurar que son los diez euros mejor invertidos de toda mi vida.
 -¡¡Sofía!!—la voz de mi madre suena por las escaleras--¡ya está aquí tu Romeo motorizado!
-¡Ya voy!
  ‘’Motorizado’’. Mi madre y sus palabras. Sinceramente pensé que se tomaría peor lo de Lucas, supongo que creerá que tan solo es un ‘’amigo’’ de verano, y que no hay de qué preocuparse, sobre todo si conoce a sus tíos y por tanto tiene cierta influencia en su familia.  
  Me asomo por el tragaluz y lo veo apoyado en su moto azul eléctrica, igual que siempre, aunque casi me parece que es la primera vez que lo veo. De pronto mi hermano entra en escena. Se acerca y saluda a Lucas... ¿se puede saber qué hace? Él le sonríe y chocan los puños, ¿desde cuándo son tan amigos? Madre mía. Sergio habla y Lucas se ríe ruidosamente, como hace siempre, dice algo y luego es mi hermano el que suelta una carcajada. Vaya, parece que Lucas comienza a llevarse bien con la familia. Extraño, realmente extraño. De repente me ve y me hace un gesto como diciendo: ‘’¿Qué haces ahí plantada?’’ Yo me limito a esconderme y bajar las escaleras provocando un gran estruendo—nunca conseguiré andar por ellas de forma silenciosa, como Sergio hace—hasta que finalmente, estoy en la carretera con él, y mi hermano.
-Bueno, hasta luego, pasadlo bien—mi hermano saluda con una mano y camina hacia dentro de mi casa.
-Nunca había visto a Sergio tan contento con un amigo mío, normalmente los espanta.
-Será que yo no soy un simple amigo, ¿no crees?—esboza una media sonrisa mientras sube en la moto.
-Supongo—me coloco detrás de él y me pongo el casco que me ha pasado.
  Da gas y el ciclomotor comienza a correr veloz por la calzada.

-----------
¡Hola! Bueno, para variar, siento mi tardanza xD Es que eran vacaciones, y hay que aprovecharlas al máximo. Os deseo lo mejor para este año que acaba de nacer y espero que los Reyes Magos se hayan portado bien :D 
Pero.. tengo una mala noticia: este es el penúltimo capítulo que subiré. Creed que si por mí fuera subiría otros 47, pero es que no puedo, ya os explicaré. 
Gracias por todo, ¡mil besos! :D

domingo, 25 de diciembre de 2011

Capítulo 46 y... ¡feliz Navidad!

***

  Entro en mi casa, todavía con la sonrisa dibujada y me tumbo en el sofá del salón. Mis padres y mis abuelos están viendo una película, Billy Elliot, no es la primera vez que la ven y yo también la recuerdo, me gustó bastante. Saludo y ellos hacen lo mismo, pero mi madre se me queda mirando un rato.
-Sofía, acompáñame a la cocina que me ayudes a una cosa.—la observo con desconfianza, creo que quiere hablar conmigo sobre algo concreto, y eso en el fondo me asusta un poco.
-Sí, claro mamá.
 Camina por delante de mí, decidida, al contrario que yo, que aún me mantengo dudosa. Respiro hondo y entro en la cocina junto a ella.
-¿Has cenado?
-No… pensaba prepararme un sándwich o algo, no tengo mucha hambre.
-Ajá.
-Bueno…¿en qué quieres que te ayude?
-Sabes perfectamente que no quiero que me ayudes en nada, así que no te hagas la tonta, si fueras Sergio me lo creería, pero tú eres más espabilada, así que cuéntame.
-¿El qué?
-Sofía… quiero que me digas donde has estado esta tarde—se sienta en una silla y me invita a mí también a tomar asiento, sonríe amablemente—soy tu madre y quiero que confíes en mí. Sé de sobra que no has estado con tu amiga Marina.
-Está bien… Hay alguien.
-¿Y... ?
-Se llama Lucas, tiene 19 años, es el sobrino del tío este del bar... Manolo creo que se llamaba. Llevamos juntos unas... dos semanas o así.
-¿Te trata bien?
-Pues claro que sí, si no, no estaría con él, no soy tonta.—sonríe y me acaricia la cara con cariño.
-Me alegro por ti, cielo, pero que no te cale demasiado hondo, que el verano no es eterno...  
-Lo sé.
  Vuelve a sonreír, me da un beso, feliz por mi confianza, y se va de nuevo a seguir con la película. Me quedo quieta pensando en su última frase ‘’el verano  no es eterno’’. Joder, tiene razón, no es eterno. Él no es eterno. Lo nuestro no es eterno. Y de pronto, el corazón se me encoje, de miedo por no saber que pasará en septiembre, de miedo de no volver a sentir esa plenitud, de miedo de perderle.



-Mi padre.
-¿Qué pasa?
-Me ha llamado—la voz de Lucas suena seria y algo fría al otro lado de la línea telefónica, a pesar del calor de esta mañana de verano.
-¿Y eso?
-Pues no lo sé, hoy he llegado a mi casa y sonó el móvil, y... bueno, era él.
-Joder, ¿y piensas hacer algo?
-En principio... no, o sí, ¿tú crees que debería? Estoy confuso, Sofía.
  No puedo evitarlo, río un poco.
-¿Qué pasa que te haga tanta gracia?
-Oye, que tampoco es para hablarme así, me recuerdas a mi profe de filosofía...  es que tú nunca me llamas por mi nombre y me ha hecho gracia que lo hagas.
-Ajá... si ya sabía yo que te gustaba lo de pequeña.
-Pues no listo.
-¡Ah! Pues perdone usted Doña Sofía.
-Ahora parece que soy la reina de España—río, no sé cómo pero al final todas nuestras conversaciones acaban en tonterías.
-Eso será porque...
-¡No lo digas!
-¿El qué?
-La cursilería que ibas a soltar.
-Solo te iba a decir que será porque aparentas la edad de Su Majestad... ¿Qué creías? ¿Qué te diría que eres mi reina o algo así?
-¡Eres un idiota!
-Oh, me encanta recordar viejos tiempos.
-Cómo sigas así voy a volver a odiarte, como antes.
-No mientas, siempre me quisiste.
-¡Já!—sonrío y sé que él lo hace también al otro lado del teléfono. Y quizás ese sería el momento para pronunciar esas dos palabras, pero no soy capaz, y cambio el tema—bueno... ¿y que va a pasar con tu padre?
-Mira, esta noche hay una moraga y voy a ir con Toni y estos, vente tú y lo hablamos y que venga Marina también, que seguro que Álvaro se pone contento.
-¿Tú también sabes lo de Álvaro?
-Joder, quien no lo vea es que es ciego.
-La verdad... ¿me recoges a las once?
-¡Hecho!
-Bueno pues ciao Lucas, nos vemos luego.
-Adiós...—hace una breve pausa—...reina.
Y corta la llamada. Me muerdo el labio inferior y me dejo caer rendida sobre la cama. Qué cursi eres Lucas, pero, qué demonios, me encanta. Y yo también me he vuelto así. Recuerdo la mañana que me despertaste en el banco, después del rayón en el coche, de la lluvia, de mi improvisada felicitación, de las constelaciones; sí, me acuerdo de ese ‘’Buenos días princesa’’ eludiendo a la película La vida es bella, vaya, casi parece que he ascendido a reina. Y sí, la vida es bella, tú la haces así. Dios, Sofía para de pensar en eso, que cada vez eres más empalagosa. Mejor me voy a ver la tele o algo.

-------------------------
¡Hola! Bueno lo primero es .... ¡feliz Navidad! Espero que hayáis pasado una maravillosa Nochebuena rodeada de vuestros seres queridos, de buena comida y de muchas sonrisas. Os deseo lo mejor para esta época(porque vosotros sois lo mejor) 
¡Gracias por seguir ahí! y gracias a Paula Moustache por el premio, que no te lo pude agradecer, sorry:)
Mil millones de besos navideños (bajo el muérdago)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Capítulo 45. Lo que de verdad es el verano

Una última brazada y ya nos encontramos en la orilla. El cielo ha adquirido un tono naranja, ya que el sol se está empezando a esconder. Dejamos la balsa a un lado y nos quedamos boca arriba sobre la arena y con los brazos extendidos.
-Estoy cansadísima… y quemadísima.
-Ya somos dos.
  Suspiramos a la vez. El vaivén del agua salada me hace cosquillas en los pies mientras cierro los ojos para no pensar en nada. Me siento completamente libre, feliz, plena. Respiro hondo y la brisa marina se cuela por mis fosas nasales en ese atardecer veraniego. Ojalá el tiempo se detuviese.
  Pero, por desgracia, el tic-tac de los segundos no se puede parar y en poco tiempo me encuentro ya despidiéndome de Lucas en la urbanización de mis abuelos, pero a salvo de miradas indiscretas.
-Gracias por este día pequeña, tenías razón, me ha encantado el sitio…
-Me alegro, aunque hemos acabado como dos auténticas gambas.
-Y tanto, pero ha merecido la pena, ¿no crees?
-Claro que lo creo.
  Nos besamos, como esa tarde, con el sabor a sal en los labios; pero sin embargo, es un beso tan dulce…

***

  Mis tardes de verano saben a helado de vainilla y las noches a kebab. Claro, un chico de catorce años, casi quince, no se puede permitir mucho más. Pero la verdad es que me gusta, aunque la salsa de yogur no para de ser motivo de bromas cuando se cae en el pantalón, como me acaba de pasar a mí.
-¡Sergio! Esas cosas en tu casa, no seas cerdo hombre—Mario se ríe.
  Todos lo hacemos y la verdad es que la tensión con Paloma parece que se ha disipado un poco. Por lo menos ahora también tengo más compañía masculina aparte de la de Mario. Julio y Pablo, amigos de Sara y su novio,  están con nosotros esa noche; ambos son simpáticos y bromistas, me recuerdan a Mateo y el resto de mis amigos en mi ciudad. La verdad es que a pesar de que esté disfrutando bastante este verano los echo de menos.
-Joder tío, estas cosas siempre me pasan a mí…--me intento limpiar con una servilleta.
-¡Claro! Como te pasas todo el día dándole al tema…
-De verdad Pablo, ¡estás enfermo!—le espeta Ana.
-Vamos, como si tú no  lo hubieses pensado cuando apareció esa misteriosa mancha blanca en su entrepierna.
-¡Pero a ver, que es salsa del kebab!
-Sí, sí, tú intenta disimularlo Sergio—ahora es Julio el que habla y las risas continúan.

  Bromas sobre la salsa acabadas y, dicho sea de paso, los kebabs también nos acercamos todos a una playa cercana al local y nos sentamos en la arena. Hace poco que ha anochecido, son las diez y media, y el aire que viene del mar hace que el calor de julio no sea tan sofocante.
-No hay huevos de bañarse.
 Todos los chicos nos miramos. Pablo acaba de pronunciar ‘’La frase’’, esa que puede situar a cualquier tío en una situación de deshonor si se incumple ese reto, esas tres palabras sagradas ‘’ No hay huevos’’.  
 Las chicas se miran entre ellas pensando supongo ‘’no serán capaces’’, pero no saben hasta qué punto tiene poder esa frase, por lo que nos levantamos los cuatro y nos desvestimos quedándonos en calzoncillos, excepto Mario, que llevaba puesto ya el bañador. Corremos sin miedo y sin tapujos hacia el mar mientras se escucha un ‘’¡Coño! Qué fría’’ procedente de Julio, que va seguido de una ahogadilla de Pablo.  Todos empapados y sonrientes nos miramos, cómplices, sabiendo perfectamente lo que vamos a hacer.
  Llegamos hasta ellas y rápidos como zorros cogemos a las chicas de una vez, casi ni me he dado cuenta de la persona que patalea mientras la agarro con mis brazos. Ana, es ella, pero en este momento no es la chica de la que estoy enamorado, no; es una víctima de un baño en ropa en el agua del mar a las once menos veinte de la noche.
 -¡Sois imbéciles!—gritan todas al unísono una vez mojadas dentro del mar.
-¡Vamos! Si hace mucho calor, seguro que os sienta bien.
-Sí eh, va a ser eso Sergio.
-No me seas antipática Ana, que si no, toca otra zambullida.
  Me mira con mala cara, pero divertida. Como las demás, aunque quizás la cara de Paloma no sea tan amable.
  Sara y Mario se encuentran apartados, intercambiando besos y palabras al oído, pero en ese momento no les envidio en absoluto. Vale sí, estaré inútilmente enamorado de una chica con la que no llegaré a nada, he suspendido matemáticas y acabo de cortar con una buena chica que mira de forma asesina, pero estoy en el mar de noche, riéndome y pasándomelo bien en verano, parece que por fin me ha entrado en la cabeza que estoy aquí de vacaciones, para disfrutar, no para amargarme por cualquier cosa.


---------------

¡Hola! Bueno, sé que soy muy pesada con lo de crear y eliminar blogs constantemente pero bueno ..xD Es que resulta que estoy haciendo algo nuevo, más bien estamos. Mis mejores amigas y yo hemos creado un blog donde escribir libremente, así que aquí lo tenéis, por si os queréis pasar : http://cuatroestrellaas.blogspot.com/ 


¡Gracias a todas las que me han dado premios de verdad!

Un beso enorme a todas mis geniales seguidoras, gracias por todo :D

jueves, 24 de noviembre de 2011

Capítulo 44. Eres el aire..

Reímos y siguen más preguntas. Hizo el bachillerato pero no quiso estudiar en la universidad, es bueno en química. Le gusta desayunar tostadas con mermelada de frutos del bosque y se toma un vaso de agua al despertarse y al acostarse. Y más preguntas, y respuestas que hagan que lo conozca un poco más..
-Oye Lucas, háblame sobre tu familia… ¿tienes hermanos? ¿tus padres están casados o divorciados?
-Soy hijo único y mi madre es lo que se dice hoy en día ‘’madre soltera’’ .
-Eso quiere decir que no conoces a tu padre, ¿no?
-Exactamente.
-¿Y eso?
-Creo que dejó a mi madre cuando se enteró de su embarazo… vamos, una putada.
-Pues sí… cambiando de tema, vamos a inflar la balsa y nos damos un paseo.
-Vale, ¿has traído hinchador?
-No estoy muy segura...—me salgo del agua y me dirijo hacia la mochila, rebusco en ella y lo encuentro--¡aquí está!
  Se acerca a mí, y, de improviso, me da un largo beso. De nuevo, los sentimientos se disparan y  chocan formando nuevas emociones, nuevas cosas que descubrir junto a él. Y la duda se disipa una vez más, enamorada, completa y absurdamente enamorada de ese chico de ojos grises. Casi me da la impresión de que las yemas de sus dedos estén dibujando un invisible corazón en mi espalda mientras yo lo abrazo con fuerza, intentando retenerlo hasta el final. Nos separamos y se enredan una vez nuestras sonrisas  y los dedos de nuestras manos.
-Ahora sí que voy a hinchar la balsa.
  Me acaricia suavemente el pelo y luego se aleja hacia la barca dejándome con una sonrisa boba en la cara.
  Minutos más tarde, ya está listo nuestro pequeño transporte marítimo.
-Podrías haberme ayudado pequeña, que no veas si me ha costado.
-Oh venga no seas quejica—empujo la balsa hacia el mar--¿vienes o prefieres quedarte en tierra?
-Que sepas que te estás colando eh—se acerca hacia a mí—pero bueno, por hoy te perdono.
  Sonrío y le beso suavemente en los labios para después salir hacia al mar.
-¿Hacia dónde nos dirigimos capitán?—bromeo mientras cojo los remos con actitud solemne.
-¡Todo a babor grumete!
-Eh capitán… ¿qué es babor?
-¡Valiente tripulación más mala me he buscado!
-¡Jo, malo! ¿A qué tiro los remos al agua y se acaba todo aquí?
-También para ti, además yo estuve mucho tiempo en natación…
-Y ambos estamos al lado de la orilla, genio, luego la tonta soy yo.
  Dirige su mirada hacia la arena, apenas a unos cinco metros de nosotros y luego a mí, primero fingiendo seriedad y luego nos echamos a reír, como dos niños pequeños.
  Rema durante largo rato hasta alejarnos de la costa, yo le repito varias veces si quiere ayuda pero él se hace el machito—y se lo digo—y no me deja así que me dedico a tumbarme para broncearme más de lo que estoy. He de decir que este verano estoy cogiendo un moreno considerable, y mi cabello también se ha vuelto más rubio por el sol. Le miro a través de las gafas de sol, veo su espalda, perlada de sudor y luego se gira, me mira, me sonríe y habla: ‘’Cómo sigamos así llegamos hasta la otra punta del mundo’’ Reímos y finalmente nos tumbamos ambos a lo ancho de la balsa, como si nos friéramos en una parrilla, la verdad es que el sol pega fuerte.
-¿Sabes una cosa, pequeña?
-Dime.
-Vamos a acabar como un par de salmonetes.
-Tienes razón, deberíamos darnos la vuelta…
-Deberíamos.
-Lucas.
-¿Sí?
-No me quedan fuerzas para darme la vuelta, además, creo que me he quedado pegada a la balsa.
 Nos reímos. Y con esfuerzo nos damos la vuelta. Más bien lo intentamos, porque en mitad del giro, me resbalo hacia al agua y como acto-reflejo me agarro a la barca, la vuelco un poco y Lucas acaba también en el agua. Salgo a la superficie riéndome y él me mira con cara de fastidio.
-Lo tenías planeado, ¿verdad? , por el día que te tiré la pelota y te lancé al mar.
-Me has pillado…--me río maliciosamente. Me gustan estas conversaciones tontas que solemos tener.
-¡Ajá! Pues ahora yo me voy a vengar—nada hacia mí y yo intento huir mientras me río--¡con una ahogadilla, el castigo más cruel habido y por haber!
-¡No vale! Yo me he vengado, ¡no te puedes vengar de una venganza!
-¿Y eso quién lo dice?
-¡Yo!
-Ah, pues en ese caso…--ha llegado a mí, parece que va a rectificar pero me hunde en el agua.
  También el desciende dentro del mar y me pasa el aire con un beso. Y la típica frase de: ‘’Eres como el aire que respiro’’ se convierte en realidad. En ese momento compartimos el mismo aire en un beso y casi me da la impresión de que más que bajo agua esté encima de una nube. Subimos a la superficie, con las mismas sonrisas bobas de siempre y nos quedamos en silencio.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Capítulo 43. Y conocerte un poco más..

***

  Mis pies se hunden ligeramente. Arena, estamos en una playa. Hago ademán de quitarme el pañuelo pero me lo impide.
-¡Espera un segundo! Tengo que preparar unas cosas.
  Noto que se mueve nerviosa. Se me acerca y se vuelve a ir, pero antes me da un suave beso en los labios. Sonrío y sé que ella también lo hace.
-¿Falta mucho?
-Luego la pequeña soy yo, espérate un segundo…--se me acerca y comienza a desabrocharme el nudo del pañuelo—y…¡ta-chaaaan!
  Estamos en una pequeña cala en la que no hay nadie. Un  mantel descansa sobre la arena, en él unas fiambreras, supongo que con tortilla o algo por el estilo. Una nevera portátil con bebidas y, desinflada, una balsa hinchable, de las naranjas de toda la vida. Sonrío, me ha hecho recordar cuando venía con mi madre a la playa. Me giro hacia ella, pequeña, brillantes ojos avellana, le aprieto la cara entre mis manos y la beso. Juntamos las narices y sonrisas entrelazadas.
-Eres la mejor pequeña.
  Ríe un poco, corre hacia el mantel de cuadros y se sienta con las piernas cruzadas. Yo hago lo mismo y me siento enfrente, me hace gracia esta escena.
-No es que sea un menú de ‘’nouvelle cuisine’’ pero algo es algo ¿no?
-¿Lo has hecho tú o tu madre?
-¡Yo, por supuesto! Mira, hay bocadillos, tortilla y unas frutas, vamos, la típica comida de playa, ¡ah! Y el ingrediente secreto…
-¿Eh?
-El cariño—se ríe y yo la imito.
-¡Cursi!
-Oye, que no te doy comida como te portes mal, ¿eh?
-Como mande usted.
  Saca unas latas de Coca-cola de la nevera. Y después unos cubiertos de plástico. Pincha un poco de tortilla y me mete el trozo en la boca. Se ríe un poco. Hoy está diferente, risueña, feliz, ¿será por mí? Vaya, casi parece una persona distinta a cuando la conocí, con esos humos. Pero sigue siendo ella con todas esas cosas que tiene, que, aunque ella no lo sepa, conozco muy bien. Con sus lunares y sus eternas pestañas, y cuando, a veces,  se ríe como un cerdito y se tapa la boca esperando que nadie se haya percatado. La conozco más de lo que cree, como si yo a todas las chicas les llevara con mi moto por las noches y luego las acompañara. Pero desde el principio, tiene ese algo, ese brillo en sus ojos, ese no sé qué que me encanta y, me está volviendo demasiado cursi.
-¿Te gusta?
-Casi tanto como tú.
  Vuelve a reírse, sabía que lo haría. Y ahora soy yo quien le da de comer como si fuera una bebé. Pequeña, bebé, me estás volviendo loco y ni siquiera sé exactamente por qué, qué es todo esto que me haces sentir, y como puedes estar con alguien como yo. Me parece mentira, que yo, Lucas, esté aquí en esta situación, en frente de una chica guapísima pero por la que podría esperar toda mi vida. La miro a sus grandes ojos y solo se me ocurre preguntarme: ‘’¿Cómo he podido estar todo este tiempo sin ella?’’ Y vuelvo a confundirme. Yo no soy así, pero, Sofía, contigo, aunque no lo creas me siento mejor persona.

***

  Poco a poco la comida va desapareciendo de los tuppers. Hoy estoy feliz, pletórica, aunque no sabía decir por qué, ¿será por él? Sí, supongo.
  Nos tumbamos en las toallas boca abajo pero mirándonos el uno al otro. Entre mechones  de pelo que se me han dorado por el sol puedo ver sus ojos, sobre los que la luz solar incide con tanta fuerza que casi parecen naranjas. Me río un poco, sin motivo alguno, felicidad.
-¿Qué pasa, tengo algo en la cara?
-No, nada.
-¿Entonces por qué te reías pequeña?
  Me encojo de hombros y luego me levanto sacudiéndome un poco la arena.
-No sé tú, pero cómo me quede más rato al sol me voy a acabar derritiendo, vamos al agua anda.
-Sí, tienes razón.
  Voy entrando poco a poco al agua, ahora me arrepiento de bañarme, está fría. Siempre entro despacio, no soy de las que se tiran a la primera. El agua ya me llega por las rodillas y… de pronto un gran salpicón en mi espalda y él riéndose.
-¡Lucas! ¡Yo te mato!
-¡Es que tardabas mucho en meterte en el agua, no es mi culpa!
   Comienzo a correr tras él, con intención de mojarle. Él huye mientras se ríe y al final acabamos los dos cayendo al agua. Nos quedamos así, sentados en la arena y sumergidos hasta el pecho. Intercambiamos miradas, callados, para justo después estallar en carcajadas por nuestra pequeña persecución.
-Oye, me he dado cuenta de una cosa.
-¿De qué, pequeña?
-¡De que no nos conocemos en absoluto!
-¿No habíamos hablado de eso ya?
-No me refiero en ese sentido, sino a que quiero conocerte. Mira, yo te pregunto algo y tú respondes y luego al revés, ¿okay?
-Vale.                    
-¿Cuándo es tu cumpleaños?
-El nueve de octubre.
-Hm.. o sea que eres… ¿escorpio?
-¡Libra!
-Ah, eso, eso.
-Venga me toca, ¿cuál es tu comida favorita?
-Pensé que me preguntarías mi cumpleaños.
-Es que ya lo sé, ¿o acaso no recuerdas que fui el primero en felicitarte, pequeña?—sonrío. Se acuerda de ese día, de la fecha exacta, es genial—venga dime.
-La verdad es que no estoy muy segura, pero diría que son los espaguetis carbonara, ¿y la tuya?
-No tengo ninguna preferencia por encima de todas las comidas. Soy un amante de ella.